Everything Counts

Recuerdo estrenar el piso con Patricia, que venía a Sevilla para ver a la familia y se quedo más de una semana.
Recuerdo ir con ella a la gasolinera cargando un par de bombonas en un carrito de la compra para darnos un primer duchazo en el piso. Y recuerdo su mala elección al escoger las sábanas a estrenar.
Recuerdo un bar de montaditos que ponía los quintos de cruzcampo baratos y a omixam que se animaba a tomarlos algunas mañanas mientras sacaba a Laura a la calle.
Recuerdo la apertura de la Bodeguita San Rafael y cómo el centro de la plaza siempre ha sido querencia para los niños, que hoy en día disfrutan de su zona de columpios.
Recuerdo que había un enorme sauce llorón (lo recuerdo sauce, igual no lo era) delante de mi ventana, en la esquina donde empieza la piscina, que quitaron para colocar una sombrilla más. Y recuerdo la niebla algunas noches dejándome ver poco más que ese sauce.
Recuerdo subir a tender a la azotea y obligarme a hacer un panorama sabiendo que el skyline de Sevilla iba a cambiar, Torre Pelli incluida.
También recuerdo a Laura dormida en el sofá ocupando menos de la mitad mientras me veo a día de hoy exiliado al sofá pequeño porque ella está viendo la TV en ese a su entera disposición.
Dejarme por despiste las ventanas abiertas en noches o mañanas en que la compañía era más escandalosa de lo deseable. Y recuerdo a los vecinos de enfrente clausurando el salón durante meses por la costumbre de esa misma compañía de asomarse a fumar como dios la trajo al mundo.
Tener más visitas inesperadas de las que tuve nunca cuando vivía en pleno centro. Y estar solo, y sentirme solo teniendo pareja.
Bajar a Sevilla en bici sin marchas y subir adelantando deportistas de uniforme. Pero sobretodo, sudar mucho en los trayectos.
Comprar una cama de urgencia porque se me había roto la vieja y era urgente disponer de otra.
Sentir que tiraba el dinero porque pasaba más tiempo fuera que dentro.
Recuerdo a Laura pedirme sacar “mis cosas” de su cuarto que dejó de ser mi oficina a tiempo parcial y se convirtió en un cuarto de niña en condiciones. Y tener videoconferencias en ese mismo cuarto girando la pantalla para que no se viera el poster de Hello Kitty a mi espalda.

recuerdo poco, demasiado poco. Imagino que con el tiempo que todo lo cura…

El mejor momento del día, la noche.

Me quedé en paro al poco de nacer Laura así que prácticamente descubrió el mundo junto a mí.
Sus primeras papillas, sus primeros pasos, sus primeras palabras etc.

Me acaban de preguntar qué es lo que más me gusta hacer con mi hija. He tenido que pensar un rato pero por sentimientos está claro que la hora de dormir.

Mi ex no llevaba muy bien que una niña pequeña se despierte a cada rato y vaya al dormitorio de su padre, así que me pasé unos años cambiando de cuarto cada poco tiempo por las noches tratando de hacer felices a ambas. Algo muy cansado y que conllevaba ciertas tensiones.
Hoy día, aprovechando que estamos solos Laura y yo a la hora de dormir, disfruto el momento.
Es una luchadora contra el sueño -como el padre- así que el pacto es que debe cerrar los ojos y estar quieta para que el cuerpo descanse sin importar si duerme o no. Si no cumple las condiciones me marcho a mi cuarto. Así que por las noches me hace un hueco en su cama, da 3 o cuatro vueltas, busca 5 excusas, disimula como si tuviera los ojos cerrados 6 veces, se ríe un par de veces más y finalmente me agarra del brazo y se duerme, como cuando era un bebé y pasábamos el día solos ella y yo.
Ese momento de irse a dormir que tanta tensión y problema me suponía se ha convertido en el momento más placentero del día.
Imagino que otros padres serán felices jugando al escondite o a los dragones y lo que sea con sus hij@s pero yo soy así. Me gusta cuando me abraza dormida porque está como siempre.

Año de decisiones y cierres. Cierro esto.

Este año toca cambiar. Salir del capullo en el que me he convertido y convertirme en la mariposa que no hace tanto fui.
El día 31 a la 1 la vida me puso en bandeja una prueba y fallé. Al menos sirvió para ponerme las pilas.

En lo que va de semana he cerrado 2 etapas importantes. La primera llevaba más de 15 años en mi vida sin aportar demasiado. La otra algo más de 3 de los que solo puedo destacar el primero, el resto fueron más mis ganas y mi imaginación que otra cosa.

Este post es un aviso a los pocos seguidores del feed. Este mes toca renovar el dominio y no voy a hacerlo. No sé cuántos años hace que lo tengo, tal vez 7, pero no me merece la pena el gasto, por minúsculo que sea, en mantener un dominio con mi nick.

Un abrazo

A veces pasan cosas que nos ayudan a tomar perspectiva. Amigos de la infancia que deciden irse antes de tiempo cuando hasta hace poco uno se negaba a dejar marchar a personas que hacía tiempo ya no estaban.
Pasan cosas que ayudan a dar importancia a lo que la tiene.

La memoria injusta

Tras una separación toca empezar una nueva vida.
Yo tuve la suerte de encontrar gente que me ayudó a sentirme bien, normal, agradable sociable y divertido.
No lo busqué, no lo forcé, no me engañé.
Con uno de ellos apenas mantengo contacto pero sigo su actualidad gracias a las redes sociales. Me acompañó durante mucho tiempo evitando que me sintiera solo.
La otra persona en cambio, estuvo el tiempo justo y necesario para activarme. Me ayudó a entender mi nuevo termo, a escoger mi nuevo vestuario sin darle muchas vueltas, a conocer mi barrio y mi dormitorio.
Fue una agradable forma de empezar el año con esperanzas y levantando la vista del suelo.
Ese año no tuvo nada más a destacar, al menos que yo recuerde. Es raro que haya olvidado tanto de algo que me aportó mucho.

El otro día mantenía una conversación por Skype con ella.
A su espalda El Sol calentaba una ladera por dónde iban pasando gatos cada cierto tiempo.
Al terminar, la noche cerrada no dejaba ver mucho más que su silueta -también había una lámpara encendida pero quita encanto a la escena-.
EL caso es que tras la charla, más de un lustro después, recordé que aun tengo los vaqueros que me ayudó a escoger. Sobreviven y aún quepo en ellos. No se trata de unos simples vaqueros, no se trata de un recuerdo, son la muestra de cómo algunas personas nos hacen la vida más fácil sin esfuerzo. Aportando calma y seguridad a la par que disfrutan también del momento.

Ya duele a Feria

Ojito ojito

Una foto publicada por Deniman (@deniman) el


La foto tiene 3 años.

Había ido a La Feria medio obligado por mi novia tras hacer un trato que luego se cumplió a medias.
Me endiñé en el ojo -yo solo- mientras contaba algo.
Su hermano se pasó todo el camino de vuelta riéndose y haciendo chanzas y tanto él como ella se alegraron de que ese camino de vuelta no tuviera ningún bar abierto en el que nos pudiéramos meter o me convencieron de no hacerlo cuando encontrábamos alguno.

Yo quería alargar la noche. Estaba a gusto, feliz, quería exprimir el momento.
Era una de esas situaciones que sabes que con el tiempo recordarás con cariño, como es el caso.

Lo que años después aun no he aprendido, es que cuando tratas de alargar los momentos innecesariamente acabas con los ojos hinchados.