La memoria injusta

Tras una separación toca empezar una nueva vida.
Yo tuve la suerte de encontrar gente que me ayudó a sentirme bien, normal, agradable sociable y divertido.
No lo busqué, no lo forcé, no me engañé.
Con uno de ellos apenas mantengo contacto pero sigo su actualidad gracias a las redes sociales. Me acompañó durante mucho tiempo evitando que me sintiera solo.
La otra persona en cambio, estuvo el tiempo justo y necesario para activarme. Me ayudó a entender mi nuevo termo, a escoger mi nuevo vestuario sin darle muchas vueltas, a conocer mi barrio y mi dormitorio.
Fue una agradable forma de empezar el año con esperanzas y levantando la vista del suelo.
Ese año no tuvo nada más a destacar, al menos que yo recuerde. Es raro que haya olvidado tanto de algo que me aportó mucho.

El otro día mantenía una conversación por Skype con ella.
A su espalda El Sol calentaba una ladera por dónde iban pasando gatos cada cierto tiempo.
Al terminar, la noche cerrada no dejaba ver mucho más que su silueta -también había una lámpara encendida pero quita encanto a la escena-.
EL caso es que tras la charla, más de un lustro después, recordé que aun tengo los vaqueros que me ayudó a escoger. Sobreviven y aún quepo en ellos. No se trata de unos simples vaqueros, no se trata de un recuerdo, son la muestra de cómo algunas personas nos hacen la vida más fácil sin esfuerzo. Aportando calma y seguridad a la par que disfrutan también del momento.

Autor: deniman

Incontinente verbal licenciado en envidia tecnológica

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